Rompiendo barreras: lectores electrónicos, dislexia y otros temas

Javi De Ríos,

badLa única parte buena, y evidentemente no lo compensa, del cierre de Intangible Editorial, del que ya os hablé en su momento, es que su editor, Aharón Quincoces, está aprovechando parte de ese tiempo extra que, sin duda, preferiría no haber tenido, para regalarnos espléndidas reflexiones en su blog.

Aunque sea algo obvio, lo diré, no estoy de acuerdo en algunas de las cosas que dice, algo que comento desde la humildad, porque él conoce el mundo de la edición electrónica mucho mejor que yo. Pero hay otras veces, como hoy, en las que no solo estoy de acuerdo, sino que le agradezco que toque temas como el de los libros electrónicos y la dislexia, porque pienso que nos pasamos demasiado tiempo divagando sobre los problemas que la irrupción del e-book ha podido causar en el ya maltrecho sector editorial, y demasiado poco reflexionando sobre sus indudables ventajas sobre el libro en papel. Y hacer la vida más fácil a los lectores con dislexia es tan solo una de ellas.

Llegado a este punto del artículo os recuerdo que en Librista ya hemos hablado de este tema. Concretamente en este post de mi compañero Carlos, donde relata el estudio que ha hecho el Instituto Smithonian sobre las ventajas de los e-readers para lectores con dislexia.

Volviendo al artículo que ha motivado estas líneas. Otra de las cosas que le agradezco a Aharón es en enfoque de su reflexión, ya que parte de la idea de que, gracias al libro electrónico, un editor debería estar en disposición de romper barreras.

Me refiero a la posibilidad real que los editores de libros electrónicos tienen de adaptar sus obras a lectores con problemas como dislexia o daltonismo.
El libro impreso está en este aspecto muy por debajo del libro electrónico en cuanto a potencialidad. Una vez editado y elegido el tipo en que se publicará, la fijeza del libro impreso no deja espacio alguno a su modificación y su adaptabilidad a diferentes lectores, especialmente los que tienen problemas de lectura, es nulo.

dislexia_goodLa reflexión es sencilla, y a la vez “potente”. El libro en papel llega a tus manos y es inmutable. En un e-book puedes seleccionar el tamaño de la letra, y su tipo. Puedes modificar los márgenes y cambiar el interlineado. Para una persona con problemas de visión puede ser útil hacer algo tan simple como cambiar el tamaño de la letra. Aharón nos cuenta que existen tipos de letra, como Open Dislexyc, (que además es gratuita y libre), que pueden hacer la lectura más cómoda a las personas con dislexia.

Los peros llegan al final del artículo:

Una vez más las limitaciones que los fabricantes de ereaders imponen con la proyectación y construcción de sus aparatos desvirtúan el crecimiento potencial del libro electrónico, sobre todo del formato ePUB, un formato abierto que reclama el estatuto de estándar de publicación del ebook.

Yo añadiría una preocupación adicional. En el caso de la tinta electrónica es complicado que los fabricantes se animen a meterse en temas tan interesantes, y a la vez importantes, porque a día de hoy corre cierto peligro incluso el futuro de la propia idea de lector electrónico, avasallada por las ventas de smartphones y tabletas. Supongo que, poniéndome en el peor escenario, parte de las reflexiones de Aharón sobre los e-readers, podrían ser aplicables a las, perdón por redundancia, aplicaciones de lectura de ePUBs de las tabletas.

Quiero finalizar, del mismo modo que Aharón, agradeciendo a Emiliano Molina sus conocimientos técnicos y su afán por compartirlos.

Nota al margen: Las imagenes Bad/Good que ilustran este artículo son pantallazos de Read Easy, web relacionada con el citado estudio del Instituto Smithsonian.

Javi de Rios

Javi de Rios, experto información cultural y recursos para escritores.
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